miércoles, 18 de agosto de 2010

Alí y Morgan, desierto empapado.
(primera parte)




Después del acontecimiento del día 20 de septiembre del 2009, nada fue real ya.

Mi agonía comenzó el día 22 de septiembre del 2009, cuando volví a tener conciencia de ser.

Cuatro tipos de la PGJ me custodiaban en la Cruz Roja de Polanco y no permitían que hablara con mis familiares, solamente los veía de lejos a través de un cristal. Estos custodios parecían sacados de una novela de Gallegos Lara, salvajes y nerviosos. Me ataban (a pesar de mi condición de inmovilidad), con esposas a la cama del hospital y me molestaban constantemente diciendo que me iba a llevar la “chingada”, palabra muy usada por el sistema Judicial mexicano. Comentaban entre sí, que me iban a dejar peor de lo que ya estaba (desde este punto comenzó toda esta malformación de la historia y el juicio). Como a las 8:00 pm del mismo día el MP hizo su aparición, y digo aparición, porque en sus rostros había la misma pesadez y nervios que en la de los señores de la PGJ. Trataron de intimidarme, comentaron que ya les había dicho toda la verdad uno de los testigos principales y cómplice (¿Cómplice cual?), volvieron a repetir que me iba a llevar la “chingada”. Comentaron que iban a tomar la declaración, pero antes decían: ¿Por qué te pasaste de “verga”?, vas a decir la verdad. Para entonces yo no había hablado con nadie de mis familiares, el MP y la PGJ ya me parecían una secta de vulgares demonios. Di una primera declaración con miedo, sentada en el expediente.

Al día siguiente, 23 de septiembre del 2009, como a las 7:00 de la noche, también volvió aparecer el MP y lo mismo, preguntaron agresivamente y dijeron que esta vez dijera la verdad, o me llevaría la “chingada”. Dirigí una nueva testificación, muy concreta hablando de la fiesta y del conflicto real entre Ali y yo (aun seguía sin hablar con nadie de mi familia). Uno de los personajes del MP acomodo violentamente las hojas. Se fueron. Ese mismo día, después de esta segunda declaración permitieron que entrara mi familia, uno por uno y no más de 8 minutos. Por boca de mi hermana Rosa; me entere que Alí ahora estaba en otra “dimensión”. No quise saber más, me volví un desierto empapado y comenzó mi vida muerta.

También me dieron la noticia que al otro día (24 de septiembre del 2009) me darían de alta para llevarme directo al Reclusorio Preventivo Norte y adelantaron con palabras bestiales los de la PGJ: “Nos vamos a encargar” de poner a alguien para que te den en la madre a diario y digas la verdad (para entonces, yo no sabía de qué verdad hablaban; si había una verdad, ya la había dicho)...

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